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domingo, 4 de diciembre de 2022

Atropellando

Después de limpiar y arreglar mi casa, mi hermano me llamó diciendo: "Mi esposa y yo vamos a visitarte".

Fui a la cocina a preparar algo para ellos, pero no tenía nada para servirles. Después de mucho buscar, todo lo que pude poner en mis manos fueron algunas naranjas. Así que hice dos vasos de jugo helado.

Cuando mi hermano y su esposa llegaron, me sorprendió ver a su suegra con ellos, que vino a visitarme por primera vez.

Así que, serví los dos vasos de jugo para su esposa y su madre, y puse una taza de agua delante de mi hermano, diciendo: "Sé que te gusta el Sprite".

Tomó un trago y se dio cuenta de que era agua. Y de pronto su suegra dijo: "Tengo ganas de beber Sprite... Por favor, ¿me darías un poco?"

Ahí estaba, perpleja y avergonzada, pero mi hermano me salvó diciéndole: "Te traeré un vaso limpio de la cocina".

Después de un tiempo, escuchamos el sonido de un vidrio rompiéndose en la cocina.

Él volvió y le dijo a su suegra:

"Lo siento, cayó de mis manos y se rompió, pero no hay problema, iré a comprar otro" Su suegra se negó y dijo: "No, no hay necesidad de eso".

Finalmente, cuando se iban, mi hermano se despidió de mí y puso algo de dinero en mi mano, y dijo: "No olvides limpiar el Sprite que cayó en la cocina para que las hormigas no vengan".

Y se despidió con una sonrisa llena de amor...


Cuando estés en una posición más favorable, úsala para levantar a otras personas.

"Atropellar" al otro nunca te hará mejor.


(Leído en RRSS)


viernes, 18 de marzo de 2016

La pluma en el bolsillo

Aquel hombre era tan pobre, que recordando aquellos tiempos de bonanza donde firmaba contratos a diario, le gustaba llevar siempre la pluma estilográfica en el bolsillo de su gastada camisa, antes llevada por trabajo, ahora por paseo, por pasar el tiempo, porque no tiene ya otra... y la pluma, ya sin recambio, más que para pintar y escribir es un adorno en su ya tan pulida vestimenta.
Se acercó a ver a los pescadores de la punta del muelle, a mirar las pequeñas piezas que recogían de sus cañas, y cuando apareció una de tamaño considerable para llenar un plato, con el afán de que fuera suya o se la regalaran los siempre agradables cazadores de conversaciones y pescados, se inclinó hacia adelante, y la pluma estilográfica se deslizó al agua y desapareció por el mismo lugar por donde aparecía la pesca.
El pobre hombre abrigó la esperanza de que algún calamar encontrara su pluma y fueran felices juntos, ya que ahora él no podía ni comprarle la tinta.

Saludos


Pequeño relató basado en una pequeña anécdota contada por Groucho Marx en su libro "Groucho y yo"



Una nota para terminar:
"He ido a imprimir un calamar en mi nueva impresora 3D y me he quedado sin tinta."